Sunday, January 10, 2016

Colón sí descubrió América.

1.- Una polémica artificial y vieja


Aunque algunos, en medio de esta ignorancia ilustrada que nos ha tocado vivir, creen que es una novedad o un hallazgo moderno, cuestionar que Colón hubiera descubierto América es una vana discusión recurrente que ya viene de lejos. Tanto que ya en su Historia del Nuevo Mundo publicada en Venecia en 1565, el historiador Girolamo Benzoni escribe lo siguiente:

Estando Cristóbal Colón a la mesa con muchos nobles españoles, uno de ellos le dijo: 'Sr. Colón, incluso si vuestra merced no hubiera encontrado las Indias, no nos habría faltado una persona que hubiese emprendido una aventura similar a la suya, aquí, en España que es tierra pródiga en grandes hombres muy entendidos en cosmografía y literatura'. Colón no respondió a estas palabras pero, habiendo solicitado que le trajeran un huevo, lo colocó sobre la mesa y dijo: 'Señores, apuesto con cualquiera de ustedes a que no serán capaces de poner este huevo de pie como yo lo haré, desnudo y sin ayuda ninguna'. Todos lo intentaron sin éxito y cuando el huevo volvió a Colón éste al golpearlo contra la mesa, colocándolo sutilmente lo dejó de pie. Todos los presentes quedaron confundidos y entendieron lo que quería decirles: que después de hecha y vista la hazaña, cualquiera sabe cómo hacerla.

Actualmente seguimos en la misma, sólo que en vez de darse la excusa de que otros pudieron ir en lugar de Colón para restarle mérito, se han añadido otras: que ya los vikingos llegaron antes, o los chinos, o los árabes, o incluso los egipcios. Y algunas otras cuantas descabelladas teorías más.

2.- La envidia o la Leyenda Negra están detrás

Lo más curioso del asunto es que la auténtica razón de fondo para aducir todas estas excusas no ha variado desde que Benzoni exponía en pleno siglo XVI: empequeñecer la figura de Colón para tratar de despojarle de su importancia histórica. El texto del historiador demuestra que no es más que la envidia la que se instaló ya desde los primeros monentos entre los detractores de Colón como única causa verdadera del ataque al papel de éste como descubridor.

A partir del testimonio que nos lega Benzoni, se desvela un hecho revelador importante para entender lo que he dicho: a mediados del siglo XVI, nadie de los que están en una gran reunión ante una mesa, sabe que los vikingos o los chinos llegaron antes a América que Colón. En caso de que alguien hubiera estado al tanto de tal circunstancia, se habría dicho en aquella discusión y el Almirante de la Mar Océana se habría tenido que callar.

Es más, ni siquiera los chinos mismos, o los descendientes de los vikingos, lo sabían. Este hecho es evidente, porque si los chinos o los nórdicos hubieran estado al corriente de un nuevo continente, sin duda al menos habrían estado ya utilizando productos procedentes de América, donde a su vez se estarían utilizando productos de reciente origen asiático o europeo, debido al inevitable intercambio. Pero esto no ocurría en absoluto.

3.- Lo que Colón cambió

Hoy en día se habla continuamente de la gran cantidad de productos cotidianos que nos llegó de América. Lo curioso es que no hay ninguno de ellos que se hubiera detectado en Europa antes de Colón. Simplemente no existían anteriormente en el Viejo Mundo al inicio del intercambio iniciado a partir del descubrimiento: el maíz, la patata, el cacao, el boniato, la mandioca, el anacardo, el tabaco, el tomate, todo tipo de pimientos y chiles, el girasol con sus pipas, la ananá o piña, el aguacate, la guayaba, el cacahuete, el pavo (no el real, originario de Asia, sino el guajolote), el cobaya (o "conejillo de Indias", o "cui"), el amaranto, toda clase de calabazas, la quinina, la chumbera o nopal, la nuez pacana, la papaya, la vainilla o el chicle, por ejemplo. Además, existen otros productos originarios de América cuya presencia en Europa se da aunque sea escasa y ocasionalmente, y por tanto no son totalmente desconocidos, como pueden ser el fruto de la pasión, el cainito, o el caimito, si bien ninguno de ellos se produzca regularmente en el continente europeo. Tampoco de ninguno de estos productos hay noticias en Europa antes de Colón.

Y viceversa, hay una gran cantidad de productos, objetos y animales, que son todavía en mayor cantidad que los anteriores y hoy muy habituales en todo el mundo, que eran inexistentes en tierras americanas antes de la llegada de Colón pero que empezaron a circular por allí a partir de éste. Muchos de estos productos son incluso de innegable importancia para la supervivencia económica de algunos países americanos en la actualidad; unos cuantos de ellos son de origen asiático o africano pero fueron llevados al Nuevo Continente por los europeos, que ya los tenían, especialmente españoles y portugueses, y ya los habían introducido en sus propios países siglos o milenios antes, por no ser Europa sino el apéndice occidental del gran continente euroasiático. Entre otros cientos que ahora mismo ni se nos ocurren, podemos escoger un buen número de ejemplos: las manzanas, los membrillos, las peras, los albaricoques, los melocotones (en todas sus subespecies, entre ellos los duraznos), las sandías y melones (todas sus variedades americanas actuales son resultado del cruce de especies llevadas a América por europeos), todos los cítricos: naranjas, limones, limas (incluso la llamada "lima peruana" fue llevada y desarrollada allí por los españoles), mandarinas, clementinas, cidras o toronjas; en cuanto a los pomelos, fueron originados en el Caribe durante el siglo XVIII a partir de cruces de varios de los dichos; el plátano (originario del Índico, fue llevado por los portugueses a las Canarias en 1402 y de ahí los españoles lo llevaron a América en 1516; después de una gran plaga que sufrió en 1950, casi todos los que se consumen hoy en día proceden de un original cultivado en el siglo XIX ¡en la campiña inglesa!), el tamarindo, el mango, el dátil, la chufa (y con ella la rica horchata original), la granada, el higo, las ciruelas, las cerezas, las uvas; y con éstas el vino, el aguardiente y las bebidas destiladas en general, que no existían en América, si bien sí las había fermentadas, de pocos grados de alcohol, como la chicha (especie de cerveza precolombina de baja graduación) o el pulque (bebida americana de fermentación con graduación alcohólica intermedia entre el vino y la cerveza); también se llevaron de Europa los frutos secos, como las almendras, las nueces, el pino piñonero con su piña y su piñón; cereales como el arrozel trigo (llevado en 1532 por la española Inés Muñoz, cuñada de Pizarro), la cebada, la avena, el centeno, los cuales conllevaban el pan (milenario en Europa pero cuya técnica se desconocía en América a pesar de que los nativos consumían el autóctono maíz en otras formas); el cáñamo (y por ende, no sólo su uso industrial sino también las drogas que trae consigo), la caña de azúcar y el azúcar (que se extrae masivamente tanto de dicha caña como de la ya citada remolacha); las abejas y con ellas la miel; la aceituna y el aceite (todo tipo de aceites, pues si bien en América había oleaginosas como el girasol, se ignoraba allí el producto); la alfalfa, las lentejas, los garbanzos, los guisantes o chícharos; hortalizas como el ajo, la cebolla, la zanahoria, el nabo, los rábanos, la remolacha (y, por tanto, la acelga), las coles, coliflores, repollosbrécoles y todas sus variedades, las lechugas, las espinacas, el ñame (originario de África), la berenjena (originaria de la India y llevada a España por los musulmanes al menos tres cuartos de milenio antes, o quizás ya por los romanos); infusiones y bebidas como el café o el ; condimentos, como la sal, la canela, la mayoría de las hierbas, raíces y árboles aromáticos (anís, eneldo, azafrán, albahaca, cilantro, romero, orégano, salvia, pimienta, regalizjengibre, laurel, perejilestragón...); la mayoría de los animales de granja, como el ganado avícola (gallinas, etc., excepto el guajolote o pavo y varias especies de patos), las ovejas y cabras, el ganado vacuno (vacas, toros, bueyes), el cerdo, los caballos, los asnos, (por tanto, también los mulos y burdéganos), el conejo, el gato... Llegaron con los españoles a América también los ahumados; y, junto con el aceite, las frituras; tanto unos como otras se incorporaron a la cocina nativa americana, dependiente hasta entonces en su práctica exclusividad de los alimentos crudos y el asado. De España (especialmente, pero también de Europa en general) se llevaron a América materiales, como el vidrio (vulgarmente "cristal", y con él el alambique, aparato que posibilita la fabricación de bebidas destiladas inventado en el siglo X y experimentado en la Península Ibérica, donde posiblemente se inventaron los espirituosos); el hierro (los nativos americanos más avanzados se hallaban en el equivalente americano a la Edad del Bronce europea), el uso práctico de la rueda, los procesos mecánicos derivados del movimiento circular (norias, molinos, mecanismos con ruedas dentadas...), la pólvora, el jabón y la mayoría de los instrumentos musicales utilizados hoy en día, de muchos de los cuales luego evolucionarían otros ya en América (¿se imaginan Paraguay sin el arpa o los Andes sin los charangos?).

Incluso el panorama patológico y sanitario de ambos lados del Atlántico cambió. Si América hubiera sido descubierta anteriormente, lo lógico es que también se hubieran sufrido las mismas enfermedades en el Nuevo y en el Viejo mundo. Sin embargo, vemos que existía una gran cantidad de dolencias microbianas y víricas que eran características exclusivamente de cada uno de los dos lados del Atlántico, sin que hubieran llegado al otro hasta posteriormente a la presencia de Colón en América. Los europeos transportaron al Nuevo Mundo la viruela, el sarampión, la gripe, el tifus, la peste bubónica, la lepra, la tosferina, la difteria, la varicela y la hidrofobia. Por su parte, más tarde llegaron los africanos llevando con ellos sus propias dolencias, como la anquilostomiasis, la bilharziasis, la fiebre amarilla, la filariasis, la oncocersiasis o la malaria. Y hasta aquí lo que afirma el tópico, el cual frecuentemente omite que el indio nativo no fue menos en este aspecto y también transmitió sus propias enfermedades a los recién llegados, que se las llevaron a Europa, como por ejemplo la buba, la leishmaniasis tegumentaria, la micosis profunda, la pinta, la sífilis, o la tripnosomiasis americana.

En medio de todo esto, podemos afirmar que existen algunas plantas y animales que ya estaban a la vez en Eurasia y en América antes de la llegada de Colón; pero el hecho de que fueran de diferentes especies a uno y otro lado del Atlántico y del Pacífico demuestra que no fueron llevados de uno a otro continente por el ser humano, al menos en una época histórica posterior a un tiempo que se remonte a decenas o centenas de miles de años. Tal es el caso de la castaña, que en Europa era del género y especie Castanea sativa, y que era la base de la alimentación en muchas zonas antes de que llegara la patata, ya que es más grande y de mejores cualidades alimenticias que la dentata, pumila y ozarkensis, oriúndas de América y hoy casi extinguidas por causa de un hongo; o de la zarzamora, que tenía especies diversas también exclusivas de Europa o de América; o el de los los frijoles o habas, que también eran de diferentes especies. Otro caso conocido es el de los perros, asociados al ser humano al menos desde el paleolítico medio, aunque los de América (se usaban por los nativos fundamentalmente como alimento) eran también de menor porte que la generalidad de las razas europeas, tanto que entre los nativos americanos cundía el terror cuando se encontraban ante los cánidos que traían consigo los conquistadores españoles, especialmente mastines, dogos, lebreles, perdigueros y galgos.


4.- Colofón: no es lo mismo descubrir que encontrar

Así pues, si vikingos, chinos o quienesquiera que fuesen, llegaron a las Américas anteriormente a Colón, no debían de saber que se hallaban en un nuevo continente del cual extraer nuevos recursos que ellos no tenían, o bien al cual llevar recursos que faltaban. Simplemente, llegaron allí pero no descubrieron nada.

Algo que no pueden por menos que reconocer los historiadores serios, aunque sea a regañadientes. Por ejemplo el sueco Carl Grimberg, quien afirma:

El descubrimiento de América  [por parte de los vikingos], aunque transitorio y anecdótico, fue el resultado más espectacular de las expediciones normandas; pero comprobamos, paradójicamente, que fue en la práctica el más insignificante. Pues, aunque los escandinavos pisaran América cinco siglos antes que Cristóbal Colón, el descubrimiento no revistió, de hecho, la menor significación histórica. No puede privarse a Colón del honor de haber abierto conscientemente la ruta de América.

Lo cierto es que, si al hablar de descubrir América estamos haciéndolo simplemente del primero en pisar sus tierras sin tener en cuenta ninguna consecuencia global de ello (como ocurre con la arribada a ese continente de vikingos, chinos y cualquier otro antes que Colón), el mérito corresponderá en todo caso e inequívocamente a los antepasados de los nativos americanos, quienes ya se habían instalado allí con antelación a la llegada de cualquier otro a quien queramos señalar.

Para saber más:




Sunday, June 28, 2015

Creas o no creas...

  1. Dios es El que Es, no lo que tú digas que es según tus apreciaciones.
  2. Dios es El que Es, no lo que tú quieres que sea.
  3. Dios es infinitamente recto, no como a ti te gustaría que fuera.
  4. El error más grave del ser humano con respecto a Dios es querer reducirlo a la medida personal de uno. Dios no es un traje que se compra pret a porter.
  5. Si Dios fuera tan simple como nuestra mente está capacitada para entenderlo según las humanas limitaciones del más inteligente de los humanos, no sería Dios.
  6. La fe es una experiencia intransferible. Para los creyentes es un don de Dios.
  7. Por mucho que la fe lo sea, Dios no es una cuestión subjetiva. Si lo fuera, sería demasiado reducido para ser Dios.
  8. Es inútil que intentes juzgar las decisiones de Dios. Si pudieras entenderlas en su totalidad, cabrían en la comprensión de tu limitada mente y él no podría ser lo suficientemente grande como para ser Dios.
  9. El concepto de contraposición y gradación entre bien y mal innatamente implantado en la mente humana que conlleva la necesidad de construir una moral y unas normas éticas, es una prueba de que no todo lo existente puede ser objeto del método científico.
  10. Que no todo se pueda sujetar a la ciencia es una prueba de que existen realidades más allá del universo físico. De que no podemos desestimar la existencia de Dios.
  11. Si te llega el entendimiento para comprender completamente las decisiones de un dios, desconfía de su grandeza. Si desconfías de su grandeza, eso que tú entiendes por un dios no es Dios.
  12. Para el creyente, la definición de Dios le basta enunciarla como Presencia, Bien, Bondad, Verdad e Inocencia totales. Nuestra cultura occidental declara que no hay que demostrar estas cualidades, que con creer en ellas basta.
  13. Para el creyente, lo contrario a Dios implica Ausencia, Mal, Maldad, Mentira y Culpabilidad totales. Nuestra cultura occidental declara que la carga de la prueba corresponde a quien tiene que demostrar esto.
  14. La existencia del Mal no prueba la inexistencia del Bien, sólo su ausencia.
  15. Para el creyente, el Mal no existe: es sólo un lugar vacío que hay que llenar con Bien. Donde no hay Dios, hay que llenarlo de Dios.
  16. La fe consiste en creer sin pruebas, pero no contra las pruebas.
  17. Ningún creyente como tal afirma que Dios se sujete o no a lo científico. Si alguien cree que debe ser así, debe probarlo.
  18. El creyente es tal porque tiene fe. Si puede demostrar que Dios existe, mejor, porque esto facilitará su esfuerzo para persuadir a los demás de unirse a él; pero si no puede, personalmente le da igual, que para eso es creyente.
  19. El que dice ser creyente en la ciencia, miente. En la ciencia no se cree, sino que se adhiere uno a lo evidente.
  20. La ciencia no es fe. Por eso es sofisma decir que se puede creer como científico en algo en lo que uno no cree en su religión.
  21. La fe no es científica. Por eso uno puede creer en su religión en algo en lo que, como científico, no se puede plantear creerlo.
  22. Cuando uno tiene fe, intenta convencer. Cuando uno es científico, intenta demostrar.
  23. Cuando alguien dice que es creyente e intenta demostrar, puede ser que esté discutiendo con un científico. Pero cuando alguien rehúye la demostración intentando convencer y dice que es científico, miente.
  24. Al creyente se le derrotaría demostrándole inequívocamente que Dios no existe, no simplemente intentando convencerle de que lo que él, en su fe, cree ser pruebas de la existencia de Dios, no lo sean.
  25. Uno puede pasar sin dejar huellas. La ausencia de huella no implica la ausencia de paso. La ausencia de pruebas no prueba la ausencia de nada más que de ellas mismas.
  26. Que un juicio consista en demostrar la inexistencia de inocencia para declarar culpable es sólo una conquista más de nuestra sociedad frente al poder judicial, no una consecuencia de la lógica natural.
  27. La lógica no es justicia. En lógica, la carga de la prueba corresponde a quien pretende demostrar algo a otros, sea lo que sea.
  28. Nuestra cultura prima lo virtual sobre lo real. La demostración es que la ausencia de  pruebas de culpabilidad puede hacer que un culpable en el mundo real sea declarado oficialmente inocente y salga libre de pena. Tal inocencia será sólo oficial pero no real; es decir, será virtual. En cambio, la lógica es recta y neutral: no presume culpabilidad, pero tampoco inocencia.
  29. No se puede asumir como lógico nada que no se pueda probar mediante la lógica. Sólo se puede asumir como dogma o materia de fe. Quien tiene fe en Dios asume esto. ¿Cuántos ateos se atreven a asumir su fe en el Dios inexistente?
  30. Por ser Dios el estado puro de la Inocencia, si actuamos según la justicia en nuestra cultura debería ser oficialmente declarado existente sin que existan pruebas de su existencia.
  31. Al contrario de nuestro sistema judicial, Dios prima lo real sobre lo virtual. Ello es debido a que Dios no opina ni supone nada: lo sabe todo.
  32. La definición de Dios lo incluye como origen de todo. Como consecuencia, si hablamos de un dios al cual le aplicamos la característica de ser originado en algo, ya no estamos hablando de Dios, porque vamos en contra de la definición de lo que hablamos. Se trata de una paradoja de Russell.
  33. La definición de Dios incluye la combinación de todas las definiciones de Dios, las que conoces y las que no conoces; no sólo es el dios que te conviene negar a ti como ateo.
  34. Dios también es el dios que te interesaría reivindicar si se diera la circunstancia de que no te conviniera declararte ateo; pero aún así no se queda tan corto, local y pequeñito.
  35. Si un dios no es tan grande que desaloja la posibilidad de que exista otro como él en el universo y fuera del universo, es un dios sin capacidad para ser Dios. Por tanto, no es Dios. Luego, Dios es único.
  36. Nuestra imperfección es resultado de que si fuéramos perfectos seríamos Dios, pero como Dios es tan grande no hay espacio en el Universo ni fuera de él para más de Uno.
  37. Si Dios fuera evidente, Su grandeza nos desbordaría de tal modo que el terror infundido en nosotros por la posibilidad de hacer algo que fuera en contra de Sus principios nos impediría por completo obrar libremente.
  38. Estamos hechos para ser libres. No obrar libremente por temor a Dios sería un efecto de lo que es Dios y de lo que somos nosotros, lo cual infringiría la finalidad para la cual estamos hechos.
  39. Quien no obra libremente debe ser consolado. Quien merece ser consolado es porque no es justo que obtenga premio pero tampoco el castigo de no recibirlo.
  40. El Mal es sólo ausencia de Bien. El castigo de Dios es no recibir Su premio. Y, una vez que ya conocemos el premio de Dios, este castigo es horrible... y eterno como el mismo Dios. No puede ser de otra forma: así de grande es Dios.
  41. El castigo de Dios somos nosotros quienes lo sentimos, no Él quien nos lo impone. Por esto, la interpretación de un mal como castigo de Dios es personal.
  42. Cuando alguien interpreta un mal sufrido como castigo de Dios, mejor es callarse antes de contradecirle o de darle la razón. El castigo de Dios es lo que cada uno siente como tal.
  43. Sólo cuando no hay vuelta atrás, nuestra falta de libertad nos impide no interpretar el resultado de nuestro error como castigo de Dios. Pero como no hay retroceso, ya es tarde para corregirse y ese sentimiento perdura eternamente. Eso es el infierno.
  44. Mientras aún podemos arrepentirnos y corregirnos porque no conocemos cara a cara a Dios, la mejor manera de asumir lo que interpretamos como castigo de Dios es recibiéndolo como una expiación y pidiendo perdón.
  45. Dios es tan grande que tener testimonio personal directo de su existencia y principios y no saberse perdonado por Él, es en lo que consiste el infierno.
  46. Saber que el conocimiento de haber podido recibir como premio el perdón de Dios pero no recibirlo sea el infierno, da una ligera idea de lo que puede ser Dios.
  47. La falta de libertad provocada por el conocimiento directo de algo tan inmenso como es Dios, sería tan grande que no cabría en nuestra mente ni siquiera pedirle perdón por un error involuntario.
  48. Un error involuntario no se escoge. Luego, los errores involuntarios no son cometidos libremente. Luego, nuestra falta de libertad consiste en nuestra capacidad para cometer errores involuntarios. Luego, nuestra falta de libertad se queda reducida a nuestras obras involuntarias.
  49. Sólo lo que hacemos voluntariamente es obra del ejercicio de nuestra libertad.
  50. Nuestra imperfección no nos permite la libertad de no cometer errores involuntarios. Sufrir la grandeza de sufrimiento del infierno no habiendo sido libre para escogerlo, sería injusto desde un punto de vista a su medida, el de la grandeza divina. Que Dios no se nos revele completamente es, pues, el ejercicio de Su justicia.
  51. Nuestra imperfección convierte los errores involuntarios en algo posible y esencial a nosotros. Por tanto, la inconsciencia de toda la inmensidad que el concepto de Dios supone es necesaria para protegernos de los efectos de nuestra propia imperfección.
  52. El ejercicio de la justicia de Dios se debe a nuestra imperfección.
  53. Nuestra imperfección nos impide recibir de Dios todo el conocimiento de Él que cabe en nosotros. De modo que nos impide ser conscientes de Su grandeza. Por tanto, nuestra imperfección es el origen de nuestra libertad.
  54. Con todos los errores que cometemos en la tierra, ésta no es el infierno porque en ella no somos conscientes de la grandeza de Dios. La prueba más clara de esta inconsciencia es que muchos se permiten incluso dudar de Su existencia.
  55. Como la fe es algo personal, según mi experiencia de fe sólo hay una persona que si no es Dios merezca serlo, y éste es Jesucristo. Luego, yo personalmente proclamo y reivindico a Jesucristo como Dios.
  56. Dios lo sabe todo. Luego, Jesucristo lo sabe todo. Si Dios no existiera, Jesucristo sería el primero en saberlo. De modo que si realmente no hubiera Dios, Jesucristo sería ateo. Jesucristo no era ateo; luego, Dios existe.
  57. Hay religiones en las que se es súbdito de Dios. Hay religiones en las que se es hijo de Dios. Juzgue usted la diferencia y escoja.
  58. Dios creó la naturaleza con unas leyes para que sepamos a qué atenernos. Si no supiéramos a qué atenernos no seríamos libres para escoger unos efectos u otros. Por eso no es habitual que Dios rompa las leyes de la Naturaleza: más bien prefiere valerse de ellas.
  59. Para estar siempre rompiéndolas, Dios no habría puesto leyes en la Naturaleza. Si quieres tener todas las garantías de no sufrir el castigo, apréndete bien todas las leyes naturales que puedas y síguelas.
  60. No existe en el mundo una sola persona que se declare atea arguyendo para ello una razón diferente a que Dios sea un invento humano. Si es que de verdad existe el ateo, hasta los ateos entienden que, si Dios no existiera, los humanos tendríamos que inventarlo. Así, incluso ellos reconocen que la existencia de Dios es lógica y necesaria, dejando patente una vez más la contradicción de su fe atea.
  61. Si hay que hacer índices de libros prohibidos atendiendo a los actos contra la voluntad de Dios descritos en ellos, el Evangelio debería ser el primer libro prohibido. Porque cuenta el pecado más grande que el hombre pueda cometer: el asesinato del propio Dios.

Sunday, March 22, 2015

Esto está bien hacerlo porque también lo hacen los animales en la naturaleza...

De las mayores sandeces que me ha tocado escuchar en los últimos tiempos, ésta quizás se lleva la palma. Y mira que he escuchado y leído burradas en los últimos tiempos, y en todos los demás también.

Veamos un ejemplo.

La homosexualidad está bien porque también la practican los animales, me escribía el otro día un incauto. No sé cuantas especies, y bla, bla, bla...

Vaya, hombre. Ya podías justificar la homosexualidad de otro modo, pero no así. El argumento se cae por sí solo. Y de tal forma que te advierto de que en muy mal lugar estás dejando la homosexualidad, amigo. ¿Qué te han hecho los gays para que dejes su tendencia sexual en tan mal puesto?

En cambio, no tienen sentido en la conversación común afirmaciones como los humanos hemos violado sexualmente a otros, porque para hacer esto no se necesita ser humano. La respuesta a este razonamiento perogrullesco sería: "-¡Pues claro! Exactamente igual que otros muchos animales..."

Sí, por ejemplo, es posible oír adjudicarse al ser humano en primera persona, actos negativos que otros animales son incapaces de realizar: los seres humanos nos hemos bombardeado atómicamente unos a otros, ya que ingún otro animal puede haber sido autor de este tipo de acciones.

En primer lugar, las mejores cosas que hacemos los seres humanos son precisamente las que no hacen los animales. Aparte del hombre, ningún animal en su estado natural compone sinfonías, ni escribe novelas ni poesía, ni rueda películas, ni pinta cuadros como Velázquez (evidentemente sí como muchos pintores contemporáneos, e incluso mejor, prueba de que el arte ha degenerado hasta la animalidad y hasta por debajo), ni investiga para descubrir medicamentos que le libren de enfermedades, ni descubre teoremas matemáticosni pone satélites artificiales en órbita ni a un congénere en la Luna. En su estado natural, los animales ni siquiera hacen otras cosas más simples como comer con cubiertos, ponerse ropa, conducir tractores, competir deportivamente para superarse a sí mismos, o incluso siquiera hablar. Como colofón a este primer argumento, la religión, tan atacada por muchos, queda pues en buen puesto, puesto que es el hombre la única especie en la que se ha desarrollado como actividad organizada. No sabemos científicamente de ningún otro animal que practique una religión.

En segundo lugar, que las acciones más serviles que hace el ser humano porque tiene obligación para cumplir con su biología son precisamente las que todos los animales se ven obligados a hacer sin ninguna duda. Tenemos obligación de comer, porque si no lo hacemos nos morimos. Por culpa de esto precisamente tenemos obligación de trabajar. La gran mayoría de las miserias humanas nos llegan precisamente como consecuencia de las obligaciones que nos impone nuestra animalidad. Uno sería libre de ser esclavizado si no tuviera que comer o dar de comer a su familia. Muchos males de la Humanidad se evitarían si no hiciera falta comer ni beber. Nuestra animalidad nos obliga también a defecar y orinar, e incluso a perder un tercio o más de nuestra vida durmiendo. Bien pensado, la mayor parte de lo que hacemos como animales es un auténtico desastre.

Y es más: la utilización de la capacidad que cito en el párrafo del primer lugar para servir a acciones del tipo de las que especifico en el párrafo del segundo lugar es lo que convierte al ser humano también en el más terrible de la naturaleza. Nada existe más animal que el miedo o que el prurito por ser el especimen o el grupo tribal dominante. Esto origina las peleas y las guerras, que en nuestra especie conllevan una dimensión excepcionalmente maligna inalcanzable para cualquier otro animal. Esta dimensión maligna consiste en la puesta de lo mejor que puede hacer el ser humano en el nivel material: la técnica, la investigación, al servicio de su animalidad. El terrorismo de cualquier tipo o la guerra NBQ son ejemplos paradigmáticos del sometimiento de lo exclusivamente humano, las ideas y la inteligencia superior, a la esclavitud de la animalidad: el instinto de dominar a los demás, el miedo a ser dominado por los otros. Toma animalismo.

En tercer lugar, que es lo que ya me acabaría de irritar completamente si yo fuera homosexual y escuchara que está bien porque también se da entre animales en su estado natural, resulta que precisamente un gran número de cosas que no debemos hacer son las que se ven en la naturaleza. La naturaleza nos surte de una infinita antología de actos que cometen los animales y que sería abominable que los perpetrásemos las personas. Desde maltrato animal hasta pederastia, pasando por asesinato y violencia (los chimpancés, por ejemplo, son capaces de asesinar por el mero hecho de ascender en su "escala social"), sadismo y tortura por diversión (incluso contra crías, de su propia o de diferentes especies), violaciones, drogadicción, esclavismo, canibalismo (incluso hacia los cachorros), o hasta verdaderas guerras despiadadas, a otras especies o dentro de la misma, como la famosa "Guerra de Gombe" entre chimpancés, muy bien documentada y que duró cuatro años. O a lo mejor sí debemos, según los del argumento que critico, porque esto es lo que nos muestran los animales en su estado natural.

Así pues, ya que entre los animales en su estado natural se observan tantas bestialidades (que para eso son bestias, dicho sea de paso), esto está bien hacerlo porque hay animales que lo hacen así en la naturaleza es precisamente la excusa que nunca debemos dar para justificar nada que hagamos los humanos. Porque, como las personas, según hemos visto más arriba, hacemos mejores cosas como humanos que como animales, a lo mejor resulta que hacer las cosas porque se hacen así en la naturaleza es la mejor justificación para no hacerlas si esto es posible. Pues resulta que los seres humanos, y no así el resto de los animales, tenemos la voluntad, que nos permite hacer o dejar de hacer muchas cosas al contrario de lo que hagan ellos, ya que obran por instinto, obedeciendo simplemente lo que su genética les dicta y sin tener, por tanto, libertad para alterar su conducta.

De todo esto viene que sea perfectamente factible escuchar frases como los humanos hemos llegado a la luna. Lingüísticamente se llama "plural sociativo", y consiste en la implicación afectiva o psicológica del que habla con aquéllos que cometieron la acción, por el hecho de pertenecer todos al mismo grupo (en este caso, la especie Homo sapiens). El mensaje es que para llegar a la luna se necesita ser humano, igualmente que el que habla. Obviamente, nadie es tan tonto como para incluirse a sí mismo en el hecho como protagonista del mismo si es que él en persona no ha estado allí. Y obviamente, la única especie hoy por hoy capaz de generar individuos que puedan utilizar este tipo de plural, es la especie humana.

Otra manera de dejar la falacia en claro, sería dándole la vuelta al argumento. Es decir, si lo que está bien hecho es lo que hacen los animales en la naturaleza, ya que los humanos hacemos cosas que los animales no hacen en la naturaleza estas cosas tendrían que estar mal hechas. Dejemos, pues, de investigar en Medicina y de curar a los enfermos, abandonemos nuestra carrera espacial, no más desfiles de modas ni exposiciones de cuadros, vayámonos a vivir a las cavernas. Dejemos hasta de hablar.

En fin, ¿para qué seguir? Creo que ya es suficiente con esto para entender la estupidez de tan absurdo argumento. Puede usted utilizar las cajas de comentarios para escribir más cosas que se le ocurran que los seres humanos tendríamos que hacer o dejar de hacer si lo que estuviera bien para nosotros es lo que hacen los animales en la naturaleza.

Más información sobre la "animalidad" en los animales:

Saturday, March 21, 2015

Porque aunque no estés de acuerdo con las ideas ajenas, hay que respetarlas y bla, bla, bla...

Claro, claro.

Y si no estás de acuerdo con las enfermedades, sin duda debes respetarlas también. No se vayan a extinguir y se queden los médicos sin el motivo que les da el pan suyo de cada día.

Y los conejos ponen huevos y las ovejas son carnívoras. Pues qué les voy a decir a ustedes. Que para contar batallitas ya estaba el abuelo Cebolleta.

Pero creo que deberíamos empezar por el principio.

Que hay que respetar las ideas de los demás aunque no estemos de acuerdo con ellas es la catedral de las falsedades demagógicas. Una mentira que sirve a los implantadores del pensamiento único como base de toda su falacia para que acabemos aceptando que todo lo que dicen es cierto y está bien. Lo que digo yo, no sé si hay que respetarlo o no, porque no soy yo quien dice que hay que respetar las ideas. Es mi contrincante ideológico quien, mediante el empleo de la susodicha frasecita, me está pidiendo que respeten las suyas. Porque claro, con algo que he dicho he ofendido sus ideas. Como si las ideas fueran seres conscientes y se pudieran sentir ofendidas por lo que yo he dicho o hecho.

Y bien. Pero el simple hecho de decirme que yo respete sus ideas... ¿respeta las mías? Pues yo diría que se deben pensar más las cosas antes de decirlas. ¿Respeta mi idea de que las ideas no son lo que debe ser respetado? Porque ojo, que con esa frasecita puede que no estés respetando mis ideas. ¿Se justifica la frase por sí misma? ¿Tienes más razón por decirla? ¿Tengo yo menos razón por no creérmela? Estamos discutiendo. Y si lo digo yo en lugar de tú, cada vez que estoy advirtiéndote que hay que respetar las ideas, ¿me refiero también a las tuyas, que combaten las mías?

¿Por qué en lugar de emplear ese tópico no empiezas por decir la verdad y admitir que el ofendido eres ? ¿Que a tus ideas les trae al pairo lo que yo haya dicho de ellas, pero que a ti te molesta que yo las ataque porque sientes que, de alguna manera, no son defendibles mediante el razonamiento al menos más allá de donde lo son las mías? ¿Por qué tengo que respetar tus ideas si creo que tú estás equivocado sosteniéndolas? ¿No es, acaso, mi máxima expresión de ejercicio de respeto hacia tu persoma, el tratar de combatir tus ideas equivocadas para sacarte del error e introducirte en las correctas?

Propondré un ejemplo populista y demagógico. Lo populista y demagógico es prometer o ejemplificar utilizando aquello que a la mayor parte de gente posible le gusta proclamar que cree o practica porque se supone que la lógica (aunque sea mentira y no exista tal lógica) dicta que hay que hacerlo así para ser considerado mejor persona. Lo demagógico no viene a cuento a efectos prácticos del resultado que se debería buscar en el ejercicio correcto de una acción pública. Es más, puede incluso ser perjudicial para ese resultado. Pero no importa, porque cuando utilizamos la demagogia lo que nos interesa es captar la simpatía de la gente, no obtener buenos o malos resultados con la conducta que ella espera de nosotros.

Un demagogo alaba el ego de las personas que le escuchan tratando de hacerles ver que, si le apoyan a él, de alguna manera van a ser mejores personas. Y que es tarea de todos ser mejores personas, algo que se llevará a cabo en conjunto si el que sale ganando es él, mediante el voto de la gente.. Por ejemplo, hace un estudio para detectar a quién demoniza el público, quiénes son los espantajos y cocos de las masas en el momento de la campaña electoral, y como resultado publica un programa ad hoc en el que se perjudica al demonizado para que los electores sientan que, votándole a él, de alguna manera colaborarán en castigar al motivo de su odio de una manera colaborativa y popular.

Pues aquí va mi ejemplo demagógico: si usted se encontrase frente a alguien que de momento no hubiera hecho nada ilegal pero al mismo tiempo se diera cuenta de que esta persona es racista, ¿qué haría?

a) Nada.
b) Dialogar con él o reeducarle para sacarle de su error.
c) Aplicarle la pena de muerte.
d) Le metería en la cárcel.

Probablemente el orden lógico de las respuestas sería éste: b, a, d, c. Todas ellas son ideas. ¿Las respetaría usted todas? El buen acólito del hay que respetar las ideas probablemente diría que sí, que todas son respetables aunque no estemos de acuerdo con ellas.

Para que vean la diferencia, ahora voy a escribir las mismas respuestas sin cambiar para nada su resultado práctico pero prosiguiendo en el tono demagógico de lo que es la pregunta:

a) Nada. Cada uno tiene derecho a pensar como le dé la gana. Además ¿qué tiene de malo ser racista? Yo también lo soy.
b) Tratar de convencerle de que ser racista es malo, que así seguro que dejará de serlo. Los seres humanos son buenos por naturaleza.
c) Ese tipo es un impresentable. Darle una buena tunda de palos hasta que se muera, esto haría yo. Tolerancia cero ante la intolerancia.
d) Al trullo con él. Aunque no haya hecho nada ilegal hasta el momento, como es racista seguro que en algún momento lo hará. Si está en la trena habremos evitado esa contingencia.

¿Qué dirá ahora el buen acólito? ¿Escogería en este caso la misma respuesta que antes, aunque el resultado físico de todas y cada una de ellas no haya variado? Porque no hace falta ser un genio ni tener una mínima experiencia de gentes para deducir cómo ha cambiado el caso.

La pregunta que trato de ilustrar es: ¿hay que respetar ideas que sean falsas por mucho que nos vengan envueltas en papel de caramelo que pretende hacerlas parecer respetables?

¿O hay que combatir las ideas equivocadas, vengan como vengan, que a quien hay que respetar es a las personas (algunos añaden: y su derecho a estar equivocadas, aunque éste es un dudoso derecho porque a veces una equivocación puede agredir los derechos de los demás, y nadie tiene derecho a agredir los derechos de los demás, aunque sea un hecho perdonable al haberse cometido como consecuencia de la ignorancia)? ¿No será más bien esto? Porque si es así, combatir algo o a alguien es no respetarlo. Al menos esto me lo parece a mí.

¿No será éste el sentido de la famosa frase de Voltaire no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo?

Insisto: respeta a las personas y combate (es decir, no respetes) las ideas equivocadas. ¿Acaso no es éste el lema correcto?

Y repito: tratar de quitar de la cabeza de los demás las ideas equivocadas, es uno de los mayores ejercicios de respeto a las personas. Saber que una persona está equivocada y dejarla persistir en el error bajo el lema de que hay que respetar su idea, constituye un ejemplo de la más miserable dejadez hacia el prójimo.

Personalmente me producen una risa patética esas personas que van por ahí hablando del respeto a las ideas pero luego agreden mediante el insulto, o incluso físicamente, a quien no piensa como ellas. Porque lo más chusco de todo es que, con sus ataques a la persona, esa gente está siendo coherente con lo que dice. Y es que la consecuencia no puede estar más clara. Evidentemente, si lo que hay que respetar son las ideas, ¿cómo podemos manifestar nuestro desacuerdo con lo que dice el que mantiene algo en contra de nuestra opinión, si no es agrediéndole personalmente a él?

Ésta es la conclusión degenerada a la que nos llevan corrupciones de la verdad como que hay que respetar las ideas de los demás. Corrupciones de la verdad pensadas exactamente para que la gente actúe así, rebelándose en el sentido que se busca y no en el contrario; corrupciones que, en fin, están muy bien para que las diga el político demagogo y mentiroso al uso que busca teledirigir la opinión pública introduciendo la idea de que lo correctamente pensado es lo que dice él a través de las voces de sus incautos seguidores cuyos inconscientes manipula de modo que estén dispuestos a defender lo que él diga por medio de la violencia si es preciso, ya que sabe (el político, pero no sus adeptos) que no tienen fundamentos de razón para sostenerse.

En resumen: cuando se sostiene la defensa de un argumento mediante la violencia es porque se sabe que con dicho argumento no se tiene razón. Y afirmar que hay que respetar las ideas de los demás aunque no coincidan con las nuestras es la manera más sutil e inconsciente; por tanto, la más falaz y demagógica, de invitar a la defensa de argumentos equivocados mediante la violencia.

Así que ya lo sabes. Si me vienes con el cuento de que hay que respetar las ideas, te contestaré: hay que respetarte a ti. Pero la idea de que hay que respetar las ideas es una idea que no respeto. La combato. Y así te pregunto a ti, ¡oh, respetador de ideas!: ¿respetas tú esta idea mía de que las ideas se combaten si no estás de acuerdo con ellas y se respetan cuando sí estás de acuerdo con ellas? Contesta a esta pregunta lo que tu voluntad te dicte, pero... sé coherente.

Thursday, March 12, 2015

De supuestas banderitas tricolores, repúblicas espurias y otros chismes por el estilo, o a otro perro con ese hueso.

¿Eres de los que sacan por ahí una bandera roja, amarilla y morada creyéndote de buena fe que puede representar una república, cualquier república en España? ¿Eres de los que creen a pies juntillas que el régimen al que representó en parte esa bandera era un dechado de libertades, paz y prosperidad?

Pues entonces esta entrada es para ti. Para que olvides esas tontunas con que te han hinchado la cabeza. Y rápido.

Esta bandera tricolor ostenta un título nada original, porque es copiado de la francesa roja, blanca y azul. Muchos la tienen por una bandera "universal" para cualquier república española, pero en realidad sólo representó a una de las dos repúblicas que hemos sufrido en España. Esta entrada es también para que entiendas por qué he utilizado aquí para expresarme, el verbo sufrir.

España ya había ensayado la república anteriormente, durante los años 1873 y 1874. Aquel régimen había resultado de infausto recuerdo, y poco sospechaban quienes vivieron la proclamación de la segunda en 1931, que ésta todavía lo iba a superar.

En aquella república decimonónica (1873 - 74) no se cambió la bandera tradicional, que de este modo también adquirió carta de naturaleza para representar a la nación española independientemente del modelo de Estado imperante: monarquía o república, ambas con bandera rojigualda. Con esto quedaba demostrado que la bandera debía representar a España y a los españoles, no a su régimen. Aquellos republicanos todavía románticos tuvieron bien claro un concepto que les falla a los de la bandera tricolor: la bandera pertenece y representa al país o a la nación, no a determinado régimen político. No es buena señal que un régimen político quiera representarse a sí mismo y no a la nación, y éste es un concepto que incluso Franco tuvo bien claro, al no inventarse ningún símbolo para su régimen. Todos los símbolos nacionales y estatales de la época de Franco fueron extraídos de la historia de España, y por esto es una falacia decir que existió una "simbología franquista".

Una república que ya nació espuria

La segunda república dio comienzo a partir de unas elecciones municipales que hubo en toda España el 12 de abril de 1931. Elecciones municipales quiere decir que, como hoy, se elegían concejales y alcaldes. No se trataba, pues, de un referendum para decidir si se quería un cambio de régimen político monarquía-república. Esta fue la primera irregularidad con que nació esa república y que la dotó de una naturaleza espuria.

Tampoco se vayan a creer que aquellas elecciones fueron un dechado de libertades según les gusta anunciar a los republicanos políticamente correctos de nuestros días. En ellas, las mujeres todavía no votaron. Si ellas hubieran votado, probablemente los resultados habrían cambiado de signo, pues lo cierto es que la izquierda estaba dividida entre si prefería que las mujeres votasen o no, porque sabían que el voto de la mujer sería mayoritariamente conservador y sin duda habría inclinado la balanza de las elecciones.

A los que pasean la banderita tricolor se les suele contar cuáles fueron los resultados de esas elecciones en las principales ciudades. Se les dice, con la verborrea que mejor se estile, que en las principales ciudades los republicanos ganaron.

Y tal cosa fue la que le contaron en su momento al Rey, que inmediatamente dimite para evitar una fratricida guerra civil (sus propias palabras).

Lo cierto es que posteriormente se conocen los resultados verdaderos de las elecciones en total: 5.775 concejales republicanos frente a 22.150 concejales monárquicos. Esto era lo que ocurría en total en toda España; los resultados totales, no sólo los de las principales ciudades (que éstos eran, efectivamente, los que a los republicanos les convenían). Por tanto, ya no son sólo las mujeres. La gente que no vive en las principales ciudades, que era entonces la mayoría, en un país eminentemente rural, se queda sin derechos. Ésta es la segunda irregularidad, el supuesto "amor" de los republicanos por el pueblo.

Bien, pues con esto queda constituido el régimen que la Guerra Civil finiquitó. Por obra y gracia de masas que toman la calle sin respetar lo que había votado la inmensa mayoría del pueblo español... en unas elecciones municipales, no en un referendum que nunca existió. ¿Qué estado de derecho es ese? En sus bases jurídicas puede ser comparado a un linchamiento. Por esto ha tratado de justificarse hasta la saciedad este suceso, con que si el caciquismo... pero, por muchas excusas que se pongan sobre datos que no existían concretos, los datos que sí fueron concretos están ahí.

Y en fin, ahora que ya tenemos explicado el Estado de Derecho que nos quitó Franco, según el tópico que gusta citar a los "republicanos" de turno, vamos a ver en qué consistió. Que algunos parece que andan un poco despistados.

Tal supuesto estado de derecho duró cinco años, tres meses y cuatro días.

Para empezar, y, al contrario de lo que se hizo con la Constitución de 1978nada de dar al pueblo a elegir mediante referendum si quería la constitución que ad hoc se diseñó. Las Cortes republicanas negaron al pueblo este derecho. Una constitución impuesta, sin consultar al pueblo. Hasta aquí la tercera irregularidad.

Una paz constantemente amenazada desde todos los lados políticos

Durante esos cinco años, tres meses y cuatro días, se produjeron:

Estados de prevención: 21

Estados de alarma: 23

Estados de guerra: 18

Para que nos hagamos una idea, en los 45 años que llevamos de democracia se han producido en España dos estados de alarma, el 4 de diciembre de 2010 (la huelga de controladores aéreos de Rodríguez Zapatero) y el de la primavera de 2020 (ante la pandemia de coronavirus); y un estado de excepción en 1981, declarado por el general Milláns del Bosch (23 de febrero).

Golpes de Estado: dos. Uno, fácilmente sofocado en 1932 -el del general Sanjurjoy otro, muy violento, en 1934, llevado a cabo por el PSOE, la UGT, los anarquistas (CNT) y, en definitiva, la izquierda misma que hoy ensalza la II República. Curioso, que éstos a quienes hoy se les llena tanto la boca con aquella república, entonces dieran un golpe de estado contra ella y planearan alguno más que no llegaron a llevar a cabo. El golpe de 1934 hizo que al menos la región de Asturias ya empezase por anticipado la Guerra Civil de la que tanto les gusta hablar a los "republicanos" de banderita tricolor, y que, según ellos, la empezó Franco.

Declaraciones de independencia unilaterales: una (la de Cataluña, por supuesto, ya en 1936).

Rebeliones militares: una (la del 18 de julio de 1936 que tanto denostáis, pero era absolutamente lógico que la cosa acabara así, no sólo por lo que ya os llevo dicho arriba, sino que... seguid leyendo más abajo. Y con esto no quiero justificar el régimen de Franco, sino justificar el refrán de que "lo que mal anda mal acaba."

- Víctimas de asesinatos políticos: 2.225. En 32 años desde 1968, hasta 2000, los muertos por la violencia terrorista en España de ETA, Grapo, grupos de extrema derecha y otros fueron de 1.005, es decir, menos de la mitad que la República, en un periodo seis veces más largo del que duró ésta.

Datos laborales y económicos

Huelgas: 4.204, con un total de 37,9 millones de jornadas perdidas hasta 1934, que es cuando hay datos (a partir de ahí se hacen desaparecer convenientemente).

El PIB total de la república hasta 1935 fue del -0,13% (el de 1936 ya no lo cuento, porque fue del -22,5% pero fue el año en que empezó la Guerra Civil, así que empezaríais a cacarear sobre el tema).

El PIB a precios constantes, en pesetas de 1995, nunca superó en la República al PIB de 1929, el mayor conocido hasta la fecha, de 8.707 millones de pesetas. Esta cifra no se superó hasta 1951, con 9.211 millones de pesetas.

- El consumo real privado entre 1931 y 1935 fue de media de unas 11.600 pesetas por habitante (en pesetas de 1958). Nunca superó las 12.160 pesetas per cápita a que llegó España en 1929.

No se permitía la libertad de expresión actual

Por otra parte, se necesita tener falta de vergüenza para que tipos que han sacado a pasear la bandera morapia alguna vez haciendo uso de su libertad de expresión, se quejen de la pena impuesta por insultar a las instituciones del Estado o sus representantes en función de talesAcaso, en vez de lloriquear por esto, deberían leerse la Ley de 21 de octubre de 1931 de Defensa de la República, que penaba con confinamiento o extrañamiento, o multas de hasta 10.000 pesetas (una burrada en la época) a quien cometa toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las Instituciones u organismos del Estado.

No permitía ni exhibir símbolos históricos

Lo más ridículo desde el punto de vista histórico de estos llorones, es que hayan instaurado incluso determinada fecha al año para que ciertos representantes de algunos partidos electos, en usufructo de los cargos que ocupan en virtud de los grupos que ocasional y transitoriamente les han votado -pues no lo olvidemos, el voto no adjudica un puesto permanente, y mucho menos la propiedad de lo público para que uno lo convierta en su cortijo particular-, hasta se atreven a colgarla en edificios oficiales al lado de los símbolos representativos de la actual Constitución cuando no detentando el puesto que deberían estar ocupando éstos. Me pregunto qué responderían precisamente ellos si en ese lugar vieran ondear la bandera con el escudo del águila de San Juan, no más inconstitucional que su tricolor.

¿Tendrá esta gente idea de lo que te pasaba si exhibías una bandera rojigualda en la II República que tanto añoran, a la que representa la tricolor? La misma rojigualda que lleva presente representando a España desde el siglo XVIII, lo mismo en monarquía que en república, como veíamos más arriba. Pues si no lo saben, que lo consulten igualmente. Está en la misma Ley que he citado.

¿No tiene narices que, durante una monarquía, se sirvan del derecho que ésta les permite, de pasear banderas que según ellos representan la república, cuando la república a la que exclusivamente representa esa bandera que pasean, precisamente penalizaba fuertemente sacar a la calle banderas monárquicas, mientras que aún encima tengan el soberbio cuajo de afirmar que hay menos libertad hoy en día que la que permitía la república que ellos añoran?

Ley de Vagos y Maleantes

¿Sabrán que de esa República procede también la famosa Ley de Vagos y Maleantes, por la cual los perroflautas estarían hoy todos entre rejas y los inmigrantes ilegales expulsados de España? Porque a lo mejor esto ya no les hace tanta gracia, a estos colegas.


Alguna cosa buena habría tenido la República

Evidentemente, la República tuvo alguna cosa buena pero no fue precisamente que se tratase de un Estado de Derecho o que fuera el remanso de paz y tranquilidad que pretenden hacernos creer.

Los que se pasan la vida suspirando por aquel paraíso, permítanme que me ría. A burlarse de otro, majos.

  • Para completar estos datos, puedes visitar también estas entradas:
  • Reseña del libro Cifras Cruentas, en el que se desglosan los principales datos estadísticos de las tres legislaturas que duró la República, y que dan una idea bastante clara del desastre humano que supuso).
  • Sobre la rebelión agraria de 1936 contra el gobierno del Frente Popular, un episodio casi desconocido porque evidentemente no conviene airearlo para la "memoria histórica". 
  • La II República. Un saco de mentiras, verdades a medias y una falta de memoria absolutamente histórica.